Dentro de la planta de Casole d’Elsa, las actividades están en pleno apogeo. Todos los días, un ajetreo de camiones anima la gran explanada. Un poco más allá, al abrigo de una zona verde, se alza una pequeña joya. Sus altos muros dorados brillan a la luz del sol, custodiando, en su interior, una hilera de grandes barriles de madera. Es la nueva bodega Piccini 1882, un verdadero templo dedicado a todos los vinos del Grupo.
“Estamos en un lugar único”, comenta orgulloso Mario Piccini, “entrar aquí significa entrar en el corazón de nuestra empresa. Acariciar las barricas me reconecta con la materia prima de nuestro trabajo: el vino y el lento paso del tiempo que construye y da forma a sus cualidades. Aquí puedes tocar la historia de nuestra familia, nuestro pasado y nuestro futuro. Pero éste no es sólo un lugar dedicado a la memoria; es también, y sobre todo, un cofre del tesoro destinado a preservar la belleza. La belleza que se expresa en una sonrisa, en una mirada, en las cosas bien hechas. Porque sólo a través de la belleza puede crecer el mundo”.

