Mario Piccini reflexiona sobre el vínculo entre tradición y futuro, recordando el brindis de su padre en su 18 cumpleaños como símbolo de responsabilidad y crecimiento. Subraya que no hay que esperar el futuro pasivamente, sino construirlo día a día mediante la mejora constante. Raffaele Tovazzi cita a Eric Hoffer para elogiar su apertura al aprendizaje continuo.
R: Sabes Mario, hay una gran cualidad que reconozco en ti: la facilidad con la que puedes viajar por la línea del tiempo, entre el pasado y la imaginación del futuro. Esto nos recuerda que Piccini, antes que una marca, es ante todo una dinastía. Así que te pregunto: ¿hasta qué punto es fuerte el peso de esta tradición y hasta qué punto te ayuda a imaginar el futuro con tanta claridad?
M: Me viene a la mente un bonito recuerdo mío y de mi padre, que creo que viene al caso. Era mi 18 cumpleaños. Mi padre me llamó a su despacho y, entregándome un vaso de vino, dijo: “Hagamos un brindis, para que este momento sea el comienzo de tu viaje hacia el futuro. Un viaje en el que siempre llevarás contigo, y a los demás, el nombre de la familia’.
Aún siento el peso de aquella palmada en la espalda y de aquella confianza con la que me invistió. Vivir en el futuro, al fin y al cabo, significa intentar siempre cambiar algo en el presente. Si lo piensas, por muy lejano que parezca el futuro, para que el mañana sea hoy basta con no hacer nada. Podemos simplemente esperarlo con los brazos cruzados, como cuando esperas el autobús. Pero al hacerlo así, el futuro nos atropella y nos pilla desprevenidos. Por eso intento superarme constantemente, darme fuerzas y equiparme para afrontar el mañana con el temperamento y la determinación adecuados. Siempre es una cuestión de perspectiva. Vivir en el futuro no significa tener una bola de cristal, ni tener siempre la verdad en el bolsillo, ya empaquetada. Al contrario, es una invitación a comprender que cada acción que realizamos siempre tiene una conexión con el pasado y el futuro, es decir, tiene una causa y un efecto. Por tanto, actuar sobre lo que hacemos hoy es la mejor manera de comprender qué camino tomar mañana. Un poco como un estudiante que se esfuerza cada día, con vistas al examen final.
R: Hay mucha verdad en tus palabras, Mario. Me has recordado un hermoso aforismo de un gran filósofo estadounidense, Eric Hoffer: “en un mundo en constante cambio, quienes no se cansen de aprender heredarán la tierra, mientras que quienes se consideren ya educados se encontrarán perfectamente formados para un mundo que ya no existe“. Sin lugar a dudas, puedo afirmar que tú estarás entre los que heredarán la tierra, porque posees un envidiable espíritu de autocrítica que te impulsa constantemente a aprender. A pesar de tus grandes logros, siempre sabes ponerte en juego, con el espíritu de un niño que siempre quiere asomarse al horizonte.
M: Creo que ésa es la clave, no sólo en los negocios, sino también y sobre todo en la vida. También lo veo en mis hijos. En sus ojos hay el mismo fuego y la misma pasión que siempre me han acompañado, y es maravilloso poder imaginar el futuro juntos, día tras día. Estoy aquí para tenderles la mano cuando tropiecen. Todos cometemos errores, forma parte del camino de crecimiento de cada uno, pero lo importante es sacudirse el polvo y volver a empezar inmediatamente con garra.
Sin embargo, al mismo tiempo, yo también tengo mucho que aprender de mis hijos. Su llama y su curiosidad son una fuente, antes que de orgullo, de inspiración. Esto es posible porque por ambas partes existe una inmensa confianza, que nos permite diseñar juntos los nuevos caminos de la empresa y de nuestra familia.

