El legado del Gallo Negro
Toscana. Siglo XII. En aquella época, el Chianti discurría a lo largo de las estribaciones extremas de los condados de Siena y Florencia y fue durante siglos escenario sangriento de disputas y guerras fronterizas. No fue hasta principios del siglo XIII cuando Florencia tomó posesión de una amplia zona del Chianti, que fue pacificada y reorganizada mediante la creación de una institución especial: la Lega del Chianti. Dividida en los tres Terzieri de Radda, Castellina y Gaiole, la Liga se dotó en 1383 de un estatuto y un símbolo destinado a surcar los siglos: el Gallo Negro.
La sede de la Liga se estableció en Radda, donde aún se conserva el palacio pretoriano como recuerdo de la antigua preeminencia administrativa y jurisdiccional de la ciudad sobre otros lugares del Chianti.
Situada a lo largo del antiguo camino que conducía a Siena, Castellina era el bastión más avanzado de la comuna florentina hacia el territorio sienés. Gracias a este valor estratégico absoluto, a principios del siglo XIV Castellina arrebató a Radda la supremacía de la Liga, que mantuvo durante varias décadas.
A la cabeza del último Terziere estaba Gaiole, un centro que ya en el siglo XI contaba con un concurrido mercado, en torno al cual creció la ciudad en los siglos siguientes. En los años siguientes, Florencia impuso cada vez más su hegemonía, reduciendo a su rival Siena. En esta redefinición del orden político, la Lega del Chianti perdió su papel estratégico y militar, pero siguió operando en el ámbito civil y, sobre todo, agrícola. De hecho, la primera mención de un vino llamado “Chianti” se remonta a 1398, aunque indicado sólo en su forma de baya blanca.
Pasaron unos años y documentos de 1427 certificaron el auge indiscutible del vino tinto de Chianti. La Lega del Chianti siguió ejerciendo un control cada vez más estricto sobre “ese buen vino que tan bien se vende”, hasta el punto de que a partir de 1444 se promulgó un reglamento que sancionaba los plazos de la vendimia, cuyas operaciones no debían comenzar antes de la fiesta de San Miguel, el 29 de septiembre.
El creciente prestigio de este vino alimentó un mercado desenfrenado de falsificaciones: muchos vinos ostentaban el nombre autorizado de “Chianti” para poder aspirar a un mayor comercio. En 1716, en un intento de poner fin a los constantes fraudes, el Gran Duque de Toscana Cosme III promulgó una proclama que trazaba los límites dentro de los cuales era legal producir Chianti, estableciendo de hecho una especie de denominación de origen controlada ante litteram. Fulcro y centro de este perímetro restringido eran los tres Terzieri de la antigua Lega del Chianti: Radda, Gaiole y Castellina.
